lunes, 23 de agosto de 2010

PERSPECTIVA Y PROPUESTA ECOLÓGICA FRANCISCANA EN LA ACTUALIDAD


La palabra “ecología” (del griego oikós = casa, morada, y logos = discurso) indica el hábitat, la tierra habitada, interpretada como universo.
La ecología, en cuanto ciencia, se ha hecho más compleja; pero, en el fondo, se trata de la ciencia de las relaciones de todos que constituyen el mundo natural.
La ecología ha dejado de ser una disciplina particular y sectorial para convertirse en problemática universal, totalizadora e interdisciplinar. La ecología, aun conservando su peculiaridad científica, ha pasado a ser una concepción del mundo en la que están implicados elementos científicos, tecnológicos, económicos, filosóficos, éticos, políticos, religiosos y estéticos. Ha logrado crear una conciencia ecológica que rebasa el marco de lo puramente científico para presentarse como una filosofía de la vida.
La visión franciscana de la naturaleza se funda en la teología de la creación, pero no se trata de una teología intelectual y conceptual, sino cordial, intuitiva y afectiva. Francisco de Asís estuvo dotado de una fuerte unificación afectiva, mediante la cual descubre en los seres y fenómenos naturales la acción creadora de Dios. La presencia divina en el mundo hace que todas las cosas se presenten como sacramentos naturales. Por eso la interpretación simbólica de los seres de la naturaleza adquiere, en el universo franciscano, un sentido peculiar y enfático debido a su unificación afectiva cosmovisional. En esta perspectiva, puede decirse que la vida divina en los animales, en las plantas y en los astros tiene una relación análoga a la que se da entre el rostro humano, la mirada, la escucha y los fenómenos expresivos que ellos reflejan.
2. FRANCISCO Y LA NATURALEZA: UNA NUEVA RELACIÓN
a. El ser y el estar en el mundo
La mirada de Francisco sobre las cosas nunca fue interesada, ni egoísta, ni instrumentalizadora, porque logró liberarse de la codicia y del malsano deseo de la posesión y de dominio descontrolados y alienadores.
Francisco se coloca en medio de las criaturas, con ellas, no sobre ellas ni por encima de ellas. Sólo una relación así vivida y de fraternidad compartida puede crear un nuevo estilo de vivir y de estar en el mundo. Él canta al Señor por y a través de los seres, pero nunca renuncia a estar con ellos, pues con ellos y desde ellos se puede expresar la verdadera relación fraternal.
b. El Cántico del Hermano Sol
Francisco era profundo creyente, pero era también gran sentidor y fino poeta. Se sincronizan en él la vivencia religiosa y la expresión poética, como se manifiesta en el Cántico de las criaturas. Canto exponencial y sapiencial de su visión cósmica y de su relación ecológica y religiosa con Dios creador y con los seres creados.
c. La simpatía cósmica de San Francisco
La unión singular entre afecto natural y sentimiento religioso se dio entrañablemente en este personaje juntamente con la total compenetración entre ambos. Este santo simpatiza con la naturaleza, y con los seres que hay en ella, no solo por razones instintivas, religiosas y estéticas, sino también por motivos de familiaridad, de simpatía visceral y cordial.
3. HERENCIA ECOLÓGICA FRANCISCANA
Francisco de Asís originó un gran movimiento espiritual basado en el evangelio ciertamente; pero una espiritualidad que implica un ser y un estar en la Iglesia, en la sociedad y en la naturaleza. Un nuevo habitar y un nuevo relacionarse con todo lo existente. Francisco logró implantar y transmitir a su familia religiosa un estilo y una forma peculiares de ser, de existir y de vivir.
a. La naturaleza en san Buenaventura
En la línea de Francisco, Buenaventura ve e interpreta el mundo como un conjunto de relaciones armónicas que forman eso que se llama cosmos, es decir, orden.
El mensaje buenaventuriano, en relación con la naturaleza y con los seres que hay en ella, exige un comportamiento humano y una actitud existencial de respeto, de comunión y de confraternización con todos ellos, porque se apoya y se fundamenta en una filosofía del amor, que lleva más que a conocer las cosas a un saber vivir con ellas.
Este maestro franciscano presenta a la naturaleza como casa, como morada y como habitación en donde el ser humano se siente como en su propio recinto hogareño.
b. Universo y cristocentrismo en Juan Duns Escoto
El Doctor Sutil acentúa, sostiene y defiende abiertamente que Cristo es el arquetipo y el paradigma de la creación. Él es la obra suprema de la creación, en la que Dios puede espejarse adecuadamente y recibir de él la glorificación y el honor que se merece.
El cristocentrismo escotista ofrece una visión mística del universo. El mundo se presenta como diáfano sacramento de la divinidad, un gran altar donde se celebra la liturgia del Dios creador. La liturgia del universo se vincula a la liturgia de la eucaristía, porque en ambas está la presencia de Cristo. Esa comunión y vinculación entre la liturgia cósmica y la eucarística las vivió Francisco de Asís en perfecta armonía, transformada en canto.
c. El cosmos en Roger Bacón
En la cosmovisión que nos ofrece este científico franciscano, la naturaleza no es solo un don divino, sino que es el gran complemento del hombre. Este no es nada sin aquella, y aquella debe ser protegida por este. Entre ambos se da un gran hermanamiento, que debe desembocar en actitud de respeto, custodia y defensa. Los presupuestos científicos del sistema baconiano nos ofrecen los fundamentos culturales y éticos para alcanzar una ecología planetaria, pues todo en el universo es armonía, al mismo tiempo que exige el imperativo humano para defender, promover y respetar el maravilloso mundo natural, en el que vivir es convivir en el plano humano y con gran sentido de fraternización universal.
d. Mundo natural en Guillermo de Ockham
En la cosmología ockhamista se integran elementos teológicos, filosóficos y físicos. Este franciscano subraya la contingencia del mundo para salvaguardar la libertad y la omnipotencia divinas.
Ockham, fundador de los derechos subjetivos, es también propulsor de los derechos no solo de los animales, sino también de los seres sensibles e insensibles. Este franciscano original nos brinda la perspectiva abierta hacia una ecología vivida desde el reconocimiento de las propiedades naturales de cada ser y de cada cosa. Detrás de su pensamiento filosófico se percibe la sensibilidad fraterna de Francisco de Asís hacia toda la creación.


4. ECOLOGÍA ACTUAL Y MENSAJE FRANCISCANO
Actualmente, la ecología presenta no poca ambigüedad, pues encierra en un mismo proyecto analítico y propositivo elementos científicos, técnicos, sociales, culturales, políticos y económicos, frecuentemente mezclados con ideologías interesadas y con fines muy sesgados.
Francisco de Asís no ofrece una ética ambiental, sino algo más profundo y esencial, como es una cultura ecológica o, si se prefiere, espiritualidad ecológica, que surge del sentimiento de simpatía cósmica e implica y se traduce en un comportamiento fraterno y de respeto por la naturaleza y todos los seres que la habitan, tanto animados como inanimados. Más que una ética se nos brinda una mística y una estética del mundo y de la vida. La ética se basa en el “tú debes”, la estética en el “yo siento” y la mística en el “yo participo”, aunque las tres se complementan y convergen en un estilo propio de existir y actuar.
El habitante singular Francisco invita a todos los conciudadanos de la patria común a poner en circulación cuatro verbos activos, solidarios y benefactores para toda la creación: pensar, sentir, actuar y confraternizar ecológicamente.
El mensaje franciscano puede ayudar a los habitantes del planeta Tierra a aprender a habitar en el mundo y ofrece una nueva pedagogía del “estar en la naturaleza”, además del con-vivir fraternalmente con los otros. Para ello propone superar:
• La confrontación del dualismo subjetivismo-objetivismo.
• La filosofía del mecanicismo.
• El espiritualismo desencarnado como forma de vida y expresión de una concepción excesivamente negativa de lo material.
• El uso abusivo de las cosas naturales como simples utensilios.
• La idea equivocada del hombre como conquistador, propietario y devastador irresponsable de la naturaleza.
Como respuesta a la problemática actual del gran deterioro ambiental y de la actitud hostil, se puede presentar el siguiente decálogo desde la perspectiva del mensaje franciscano:
1. Descubrir el sentido religioso de la naturaleza
2. Estar presente en la naturaleza que habitamos
3. Ver y mirar el mundo entero como un poema bellísimo
4. Escuchar la realidad como complemento del mirar
5. Reconocer activamente que, a través de nuestra corporeidad
6. Ser críticos objetivos de la situación ecológica actual
7. Aunar todas las fuerzas y los esfuerzos
8. Ofrecer una ética de la frugalidad
9. Trabajar en la creación de un sistema alternativo
10. Inventar una nueva pedagogía ecológica.

lunes, 2 de agosto de 2010

EL REINO DE DIOS, UN PASIÓN QUE ENVULEVE LA VIDA DE JESÚS


Jesús vive en la historia de un modo fascinante y apasionado, con amor y misericordia. La pasión de Jesús fue hacer presente el sueño de Dios y ese sueño no es otro que el Reino. Jesús se manifiesta dando vida, haciendo a los hombres más humanos, más fraternos. Este es el compromiso que adopta y adoptará en la vida, el motivo de su trabajo y de su lucha diaria.
El Reino de Dios es algo muy humano. Consiste en apostar radicalmente por el hombre; hacer de la causa del hombre la causa de Dios. No consiste en acciones de culto o religiosas, sino de liberación, sanación y rehabilitación. Una opción por el hombre, el hombre pobre, oprimido, excluido y en necesidad. Ahí estaba lo sagrado para Jesús, dicho de otro modo: Jesús nos enseña que la apuesta por el hombre es el modo de acceso a Dios.
El Reino con todo lo que conlleva, era lo primero y lo último para Jesús. Lo último para Jesús no es tampoco su propia persona, pues Jesús no se predicó a sí mismo, sino el Reino de Dios. Desde su aparición pública Jesús se presenta anunciando el Reino o reinado de Dios. Este Reino de Dios tiene dos dimensiones, presente y futura, que puede disociarse y que sobre todo, están unidas en la propia persona de Jesús.
En Jesús el Reino ya está presente, como una semilla que se está sembrando en el mundo y un día se podrá recoger la cosecha final; él es su mediador, su vehículo y su presencia, aunque a la vez con la capacidad de futuro que solo a Dios le corresponde cumplir en la consumación final. En Jesús, el Reino de Dios presente es como la “aurora del Reino”.
El Reino de Dios es lo absoluto para Jesús lo vive en lo más hondo y lo propone con pasión, en todo cuanto hace y dice. Su misma persona es encarnación del Reino. Será la razón de su vivir, de su desvivirse y del conflicto que derivó en pasión de Cruz.
Jesús vive cautivado existencialmente por el Reino. Anunciar el Reino, hacerlo presente, comunicarlo, es la misión que da unidad a su vida. En función del Reino está su estilo mesiánico de vida. El Reino es la razón de su pobreza, de su celibato, de su disponibilidad; por el Reino se siente en la mesa con los pecadores, cura, acoge y ama a los marginados.
Podemos decir que Jesús solo buscaba una cosa: que hubiera en la tierra hombres y mujeres que comenzaran a actuar como actúa Dios. Era su pasión: una vida en la que todos respiraran el aroma de Dios, en la que todos actuaran según su querer. El Reino de Dios es una buena noticia porque es Reino de vida.
Jesús, hombre del pueblo y siempre en él, percibe a Dios como vida y felicidad; desde ahí se sumerge en la realidad del pueblo y en ella genera vida a través de un modo de vivir, unos signos, unas palabras. El Reino de Dios apunta a la relación entre Dios y los seres humanos. En el Reino de Dios, el primer lugar es para los que sufren.
Aunque es Dios quien crea el Reino, los seres humanos tienen un importante papel a la hora de hacerlo realidad. El Reino no es simplemente algo que tratamos de hacer realidad, sino que también es algo que nos sucede a nosotros y que nos llama. El Reino de Dios irrumpe en la historia trayendo amor y liberación para los individuos y los grupos.
La búsqueda del Reino como proyecto es inacabable. Un carisma como la misericordia, la providencia o la bondad de Dios tiene que traducirse no solo en una pasión global, sino en proyectos y objetivos concretos.
Hoy subrayamos que el Reino de Dios existe no solo en nuestros corazones, sino también en el mundo, causando un impacto tanto en la vida personal como en la social. El Reino no solo crece en los individuos, sino también en los grupos, las naciones, las instituciones, las actitudes, las razas y las culturas.
La llamada del Reino en nosotros es importante. Nos impulsa a cuestionarnos si nuestros actos son de amor o de egoísmo. El Reino de Dios llama a las personas a apartarse de sus ídolos para seguir más de cerca a Jesús.

miércoles, 28 de julio de 2010

PRESUPUESTOS FRANCISCANOS PARA UNA CULTURA CORDIAL


La vida está marcada por determinadas situaciones, acontecimientos en los cuales el hombre está en el centro, busca ser protagonista de los sucesos. El hombre ha sido desde sus inicios un ser en relación con su entorno. Buscó estar en armonía y paz desde la creación, fue puesto en medio de todo lo creado para cuidar y cultivar (Gn2, 15); tuvo siempre una relación con Dios, luego con sus semejantes con quienes ha desarrollado sus habilidad de comunicarse y escuchar. Traigo aquí la frase de Zenón de Elea: “Nos han sido dados dos orejas, pero solo una boca, para que podamos oír más y hablar menos” Esta frase puede ser contrapuesta en nuestros días, ya que la capacidad de escucha y relación va perdiéndose en la mayoría de los ámbitos. Prima más el hablar y manifestar, muchas veces siendo “flatus vocis” que no tiene resonancia, ni sentido.
Un texto bíblico que nos ayuda en nuestra reflexión es la de Santiago: “Sean todos prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira” no es lo que deberíamos buscar? Son estos presupuestos los que tenemos que recuperar si queremos tener una cultura cordial, una sociedad cortés, el buen trato y buena escucha.
Nuestra reflexión estará enfocado desde la óptica franciscana, específicamente desde San Francisco de Asís, hombre presto para escuchar a Dios y al prójimo. Abierto a la relación con la naturaleza, las criaturas y todo cuanto salgan a su paso.
La cultura es un factor condicionante e incluso configurador de la misma naturaleza humana. La relación de la persona con el mundo real no suele ser directa, sino mediante los conceptos de nuestra mente, es decir, de la cultura. La cultura hace de puente colgante entre la vida personal y la vida social. De ahí su gran importancia, para bien o para mal, del ciudadano.
La situación de la cultura a nivel mundial es un problema de distanciamiento entre las diversas realidades, que se han hecho recelosas y hostiles entre sí. Sencillamente nos encontramos con la preocupante situación de la incomunicabilidad o, peor aún, con el problema de la conflictividad tanto en el campo cultural y humano como en lo social y religioso.
En la sociedad actual, la persona suele estar reducida a cifra y a número. Somos seres anónimos, es decir, que nuestra presencia, nuestra persona, no cuenta para nada sino estamos avalados por un papel oficial. Sin embargo, cada persona tiene su específico rostro y su propia personalidad, cada animal su propia misión, cada cosa su propia significación.
Francisco vivió y reconoció la presencia del prójimo. En el reconocimiento del otro podemos observar no solo un tacto especial de ver y tratar a los otros y a los demás cosas, sino una categoría cultural sobre el mundo y sobre la vida. Desde la presencia total, que es Dios, tenemos que dirigirnos a todos las demás presencias humanas y mundanas, tratando con infinita cortesía, amabilidad y respeto. Es la presencia, que crea nuevas presencias y entabla relación entre ellas. La categoría de presencia engendra un sentimiento, crea una actitud y se manifiesta en un comportamiento singular ante la vida y ante los otros.
Desde la experiencia de la presencia brota el ser y el estar relacionado. Es uan relación sentida, vivida y compartida. Esta dimensión relacional es de gran interés e importancia en las llamadas filosofías dialógicas actuales. Este estar relacionados en la sociedad y en la naturaleza, da a la persona una actitud de respeto, acogida y escucha, pues la persona constituye una comunidad activa con los otros y con los demás seres de la naturaleza. Esta relación vital y dinámica puede sanear la indiferencia, la insolidaridad, los desplantes y opacidades cotidianos, ya que a través de la relación amistosa y fraterna se puede descubrir el verdadero rostro humano.
La dimensión relacional humana se descubre y manifiesta en infinidad de encuentros, uno de los acontecimientos más sorprendentes y repetidos es el encuentro. Es un hecho importante que sucede entre personas. Nos topamos frecuentemente, nos cruzamos los unos a los otros. Sin embargo, en raras ocasiones nos encontramos. La vida es un encuentro, aunque no es fácil el encuentro profundamente humano.
Francisco enseña al hombre actual que necesita despojarse de muchas máscaras y resistencias para revestirse de buen humor y sana ironía al mismo tiempo que sea capaz de encuentros fecundos y creadores con todas las personas de su entorno y con los seres y cosas de la vida cotidiana para poder descubrir la riqueza patente y latente del mundo natural.
Del mismo modo, todo encuentro sincero supone acogida. A la actitud de recelo y sospecha hay que oponer la actitud de acogida, colaboración y participación. Actualmente el hombre debe sentirse protagonista activo en la transformación de la sociedad.
Otro tema y demás en boga es el del diálogo, como recurso necesario para entablar relaciones y alcanzar compromisos. Para poder crear el horizonte humano y espiritual de un diálogo dinámico y fructífero es necesario despojarse de muchos prejuicios y armarse de una idea elevada del hombre por muy adversario o esquinado que se le considere. En primer lugar hay que superar la categoría de lo antagónico como forma incivil de convivencia. Frecuentemente el enemigo es un pretexto, una máscara para lograr intereses muy precisos y premeditados.
Francisco se colocaba más allá de las diferencias antagónicos y rivales para encontrarse con lo real y verdadero de la persona, con sus propios problemas humanos, en las que todos coinciden. Por eso trató de defender la paz, la convivencia y la armonía social como valores absolutos, más allá de los particularismos personales o de clases y grupos.
La sociedad no es otra cosa que el cuerpo alargado de la persona, abismo de grandeza y de miseria. En nuestra sociedad, moderna y posmoderna, predomina y se impone poderosamente la racionalidad, que pretende explicarlo todo a la luz de la razón comprensible y de constatación verificable del laboratorio. Frente al gran culto a todo lo positivo se observa un gran silencio u olvido de lo negativo.
Ante esta situación tenemos que cultivar la mirada, pues juega un papel especial en las relaciones humanas. La mirada constantemente nos encubre y nos descubre, más abre y nos oculta, nos acerca y nos separa. Tiene un poder extraordinario de relación o de rechazo. Cada uno es lo que mira y ve lo que le interesa. Toda mirada es la proyección del yo, y lo que no sea ese yo saldrá por ella. La mirada es tan importante en la vida cotidiana que constituye un vínculo especial entre la persona y la sociedad, entre el individuo y el mundo.
Mirar no es descubrir colores, sino entablar relaciones. Los ojos son simples instrumentos transmisores de una presencia que interroga. Quien se deja mirar y ser penetrado por la mirada amante descubrirá la urgencia de entablar una profunda relación. Tal vez muchos mortales nunca se deciden porque tienen miedo a las miradas interiores y a dar respuesta a interrogantes decisivas.
Cuando Francisco se ha sentido mirado por Dios, todo su ser se ha iluminado, comenzando a ver toda la vida con una nueva perspectiva. Hay que mirar la sociedad, el mundo y la vida con ojos amorosos y transformados.
La escucha es sumamente importante en las relaciones personales. Escuchar supera el simple oír para poder entrar en relación con lo que dice. Escuchar es dar crédito al otro y tomarlo en serio. Oír tampoco es escuchar ruidos o sonidos, sino entablar una nueva relación. Normalmente nos quedamos en la asonancia del oír, sin penetrar en la resonancia del significar. Lo que impide que se logre la consonancia entre las personas. San Buenaventura define a la persona como sonido que resuena.
La visión franciscana de la vida implica un estar despierto para poder ver, escuchar y percibir ese mundo maravilloso de presencias y mensajes, que hace de quien participa de ellas una existencia llena de sentido, plenitud y celebración.
En la actualidad, el ser humano se suele balancear entre el entusiasmo y el desencanto ante los acontecimientos de cada día. Con frecuencia se tiene el convencimiento de que el hombre ha sido defraudado en sus esperanzas o que la esperanza no anima suficientemente al ser humano. La esperanza es uno de los importantes temas culturales de nuestro tiempo.
La esperanza en clave franciscana puede ser un buen fermento en la construcción de una nueva cultura que supere el pesimismo reinante, la desconfianza y la sospecha entre los ciudadanos.
La esperanza debe traducirse en alegría, en canto y en un impulso inacabado de ir siempre hacia adelante y hacia arriba, hacia Dios y hacia los hombres. La esperanza vivida era para Francisco y sus frailes, su estado espiritual y su dinamismo vital. La esperanza no solo es una actitud frente a Dios, sino también frente a los otros y frente al mundo natural. La esperanza es la otra cara del amor, porque el que ama sinceramente a un ser espera de él lo imprevisible.
La esperanza en el franciscanismo connota una especial actitud ante la vida que se traduce en audacia, espíritu de creatividad, voluntad de riesgo, talento optimista y en fidelidad a lo concreto. La esperanza también engendra osadía. Pero la osadía, animada y sostenido por la esperanza de futuro, supone la presencia de gracia en el mundo y en la cultura.
El futuro ya no es como era. No es continuación sino consecuencia del presenta, en el que todos estamos comprometidos. Francisco nos invita a ser servidores del hoy y centinelas del mañana.
http://www.ofmsolano.org.pe/

domingo, 25 de julio de 2010

EL TEMPLO DEL CONVENTO DE OCOPA


MURAL DEL COMEDOR DEL MUSEO DEL CONVENTO DE OCOPA


ALTAR DEL TEMPLO



BÓVEDA DEL TEMPLO CON PINTURAS FRANCISCANAS












FOTOS DE LOS CIEN AÑOS DE LA MUERTE DEL VENERABLE PADRE PÍO SAROBE






FOTOS DE LA ORDENACIÓN DE Fr. Jorge y Fr. Daniel


UNA VEZ ORDENADO, SIRVIENDO EN EL ALTAR, Fr. Daniel


RECIEN ORDENADOS Fr. Daniel y Fr. Jorge



MOMENTO DE LAS LETANÍAS




PRESENTACIÓN DE LOS DIÁCONOS





ANTES DE LA CELEBRACIÓN, SACRISTÍA DEL TEMPLO FARO.

PARÁBOLAS DE JESÚS


Una parábola en labios de Jesús es una lección en colores al alcance de niños y adultos, sobre los más hondos enigmas del corazón humano. No fue Jesús el inventor del género parabólico, sin embargo, la vivacidad particular de Jesús debido a su gran talento narrativo, hace que sus parábolas sean únicas. Las parábolas hablan de la vida. En ellas, y a través de ellas Jesús comunica con enorme sencillez lo que vive.
En sus parábolas se refleja la vida de Galilea: los trabajos de la gente sencilla, sus rebaños y sus viñas, las siembras y las cosechas, la pesca en el lago y las fiestas. Las parábolas tienen como finalidad ayudar a las personas a caer en la cuenta de las experiencias de cada día para que a partir de ellas puedan abrirse al Reino de Dios, puedan ver lo que sucede en el encuentro con Dios.
Cada parábola es una invitación a pensar y a entrar en lo más profundo de la realidad, rebosante de vida, ese mundo nuevo que está brotando y que Jesús experimenta ya, dejando atrás el mundo viejo sin futuro.
Con las parábolas Jesús hace presente a Dios irrumpiendo silenciosamente en la vida de los que escuchan. Son buena noticia. Las parábolas no bendicen lo que uno ya es, sino que invitan a participar del Reino de Dios que inaugura Jesús. El mensaje no es misterioso, ni enigmático no solo para iniciados, sino abierto a todos el que quiera escuchar.
Con enorme paciencia, Jesús les enseña a captar con el corazón las señales de la presencia salvadora de Dios en las cosas corrientes de la vida, y, a la vez, su propia experiencia de Dios. Jesús utiliza imágenes de la normalidad de la vida para hablar de Dios, del Reino. Un ejemplo es la parábola del grano de mostaza.
Jesús presente a Dios en lo cotidiano, en lo corriente. Jesús contaba parábolas, no alegorías. Su lenguaje carácter vivir y penetrante.